Christabel (Samuel Taylor)

 :: Literatura :: Poesía

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Default Christabel (Samuel Taylor)

Mensaje por Azilem el Miér Feb 17, 2016 10:56 pm


El poema quedó por siempre incompleto aunque el autor tenía planes de hacer tres partes más.

La historia es sobre una dama noble (Christabel) que encuentra en el bosque a otra dama (Geraldine). Esta habla de su linaje y cuenta que fue secuestrada. Christabel decide llevarla a su castillo, pero en el camino hay señales muy extrañas: su belleza es inusual, su perro ladra sin razón, el fuego reacciona a su presencia, parece ser acosada por fantasmas, hay algo extraño en su cuerpo, algo le impide emitir palabras en contra de ella y se siente en un constante ensueño.

Podrás nunca haber escuchado sobre este poema y después de leerlo pienses que no es tan relevante en la literatura vampírica o que las señales son más bien demónicas pero ¿qué tal si te dijera que al parecer este poema inspiró a Le Fanu para dar vida a la vampira Carmilla? Es clara la relación entre ambas historias ya que nos cuentan sobre una dama que da entrada a una extraña a su hogar y vida. También entre ambas historias hay una atracción sexual entre las protagonistas y otros detalles que si conoces la historia te saltarán de inmediato.



Estrella verde  Estrella verde  Estrella verde

Es la mitad de la noche marcada por el reloj del castillo

Y las lechuzas han despertado el canto del gallo

Tu-whit!- Tu-whoo!

Y canta de nuevo el gallo,

Como soñoliento

Sir Leoline, el barón rico comanda,

A su mastín chimuela, que

Desde su casita bajo la roca,

Responde al reloj.

Cuatro para los cuartos, y doce para la hora

Siempre dispuesta, al brillo y baño

Dieciséis pequeños aullidos no muy sonoros

Algunos dicen, ve a mi dama cubrirse.

Es la noche fría y obscura.

La noche es fría pero no obscura

La nube delgada y gris se expande en lo alto

Cubre pero no esconde el cielo

La luna está cubierta y llena:

Pero aún así se ve pequeña y aburrida

La noche es fría, la nube gris:

“Es un mes antes de Mayo,

Y la primavera va llegando”

La dulce dama, Christabel

A quien su padre ama tanto

Qué la lleva a estar en el bosque tan tarde,

A una gran distancia a la puerta de su castillo?

Tuvo sueños toda la noche pasada

De su amado caballero;

Y ella en el medio del bosque rezará

Por el bien de su amado que se encuentra lejos.

Se movió en secreto y silencio,

Su respiración agitada era suave.

Eran verdes en el roble,

El musgo y el raro muérdago

Ella se arrodilla bajo el gran roble

Y en silencio hace una plegaria

La dama se levantó de pronto

¡La dulce dama, Christabel!

Gimió tan cerca, tan cerca como se podía

Pero ¿qué es lo que no podía pronunciar?

Del otro lado parece estar

Al lado del enorme y frondoso roble

La noche es fría, el bosque desnudo;

¿Es el viento que gime desolado?

No hay suficiente viento en el aire

Para mover el rizo

De la mejilla de la adorable dama,

No hay viento suficiente para arrastrar

La hoja roja, la última en su clan

Que danza tan seguido como puede

Colgando tan ligera y elevándose tan alto,

En la rama que mira hacia el cielo

¡Silencio, corazón agitado de Christabel!

¡Jesús, María, Protéjanla bien!

Cruzó los brazos bajo su capa

Y se movió al otro lado del roble

¿Qué ve ahí?

Ahí mira a una brillante damisela

Vestida en una capa de seda blanca

Esa sombra que en la luz de la luna brillaba:

Con el cuello pálido sobre la capa blanca.

Su magnífico cuello y brazos desnudos;

Sus pies descalzos y de venas azules:

Y brillando salvaje aquí y allá.

Las gemas bordadas en su cabello.

Creo que fue temible ver ahí

Una dama vestida tan deliciosamente

¡De belleza excedente!

¡Madre María, sálvame ahora!

“¿Y quién eres tú?” Dijo Christabel

La extraña dama emitió respuesta

En una voz cálida y dulce

“Ten piedad de mi terrible desgracia,

Apenas puedo hablar por la fatiga:

¡Toma mi mano y no temas!

“Cómo es que estás aquí?” Dijo Christabel

Y la dama con la voz era cálida y dulce

Dio su respuesta

“Mi padre es de linaje noble,

Y mi nombre es Geraldine:

Cinco guerreros me secuestraron la mañana de ayer,

A mi, una dama inocente.

Ahogaron mis lamentos con temible fuerza

Y me ataron a un caballo blanco.

El caballo era tan rápido como el viento

Y cabalgaron furiosamente atrás.

Con toda la fuerza de sus espuelas, sus corceles eran blancos;

Y una vez que cruzaron la sombra de la noche

Tan segura como que el cielo me salvará,

No tengo idea de qué hombres serán

Tampoco sé que tan lejos estoy

(Pues he sido engañada)

Desde que uno, el más alto de los cinco

Me tomó del lomo del caballo.

Yo, una pobre mujer apenas viva.

Algunos murmuraron palabras:

Me puso bajo el roble

Y juraron que regresarían pronto

A dónde fueron, no puedo decir

Aunque escuché después de unos minutos,

Las campanas de un castillo.

Toma mi mano- terminó-

Y ayuda a una pobre dama a huír.

Entonces Christabel tomó su mano,

Y consoló a la pobre Geraldine:

Bueno, brillante dama, pide entonces

Por el serivio de Sir Leoline

Y con gusto él mandará

A nuestros caballeros y amigos

Para protegerte y llevarte

Hasta el hogar de tu noble padre

Se levantó y con pasos

Lentos y seguros

Las graciosas estrellas la dama bendijo

Y entonces habló la dulce Christabel

“Todos nuestros sirvientes descansan,

El salón está tan silencioso como una celda.

Sir Leoline está debil de salud

Y no debemos despertarlo,

Pero nos moveremos en silencio

Y pido tu cortesía

Esta noche para compartir el lecho conmigo”

Cruzaron el bosque y Christabel

Tomó la llave que cabía bien

En una pequeña cerradura en la puerta que abrió;

En mitad de la puerta había hierro forjado

Ilustrando a un ejercito que marchaba en batalla

La dama se hundió al parecer de dolor

Y Christabel con fuerza

Levantó su peso fatigado

Sobre la entrada de la puerta.

Entonces la dama se levantó de nuevo

Y se movió como si no hubiera dolor

Tan libre de peligro, tan libre de miedo.

Cruzaron la entrada, alegres estaban

Y Christabel lloró devotamente;

“¡Alabemos a la virgen tan divina

que te ha rescatado de la agonía!”

“¡Claro, claro!” Dijo Geraldine

“Pero no puedo hablar por la fatiga”

Tan libres de peligro, tan libres de miedo

Cruzaron la entrada, alegres estaban.

Fuera de su casita, la vieja perra mastín

Dormía bajo la fría luz de luna.

La vieja perra no despertó

Pero rugió y gimió enojada

¿Y qué pudo notar la mastín?

Nunca hasta ahora había llorado

Bajo el ojo de Christabel.

Tal vez es el chillido de un pichón:

¿Pues qué puede enojar a la mastín?

Pasaron el salón, con ecos quietos,

“Pasa tan ligeramente como puedas”

La leña acabada, la leña moría.

Sobre su lecho de ceniza blanca

Pero cuando la dama pasó

Se encendió una lengua de luz, un hilo de fuego

Y Christabel miró a los ojos de la dama

Y nada más pudo ver

Fuera del ornamento del alto escudo de Sir Leoline,

Que colgaba en un nicho viejo en la pared

“Oh, camina despacio” dijo Christabel-

“Mi padre muy pocas veces duerme bien”

Dulce Christabel, sus pies caminando desnudos

Y celosa del callado viento.

Caminaron sigilosas de escalón en escalón

En poca luz, y en obscuridad

Pasan el cuarto del Barón

¡Quietas como la muerte, con respiración sofocada!

Y llegan a la puerta de la habitación

Geraldine presionando

Los mosaicos del piso del dormitorio.

La luna brilla opaca en el aire

Y ni un claro entra aquí

Pero pueden ver aún sin luz

La recamara adornada tan curiosamente

Adornada con figuras extrañas y dulces.

Todas hechas con el cerebro de un artesano

La lámpara con cadena de plata

Atada al pie de un ángel.

La lámpara plateada encendida, muerta y opaca

Pero la lámpara de Christabel se moverá

Movió la lámpara y la iluminó más

Y la dejó columpiándose aquí y allá

Mientras Geraldine, en fatiga infortunada

Se hundía en el suelo.

“Oh cansada dama, Geraldine,

Te pido, ¡bebe este vino cordial!

Es un vino de virtuosos poderes;

Que mi madre hizo de flores salvajes”

“¿Y tu madre me tendrá piedad?

¿A mí, una dama desconocida?”

Christabel contestó “¡Lamento ser sólo yo!

Ella murió a la hora que nací

He escuchado al monje de pelo gris decir

Que debe escuchar la campana del castillo

Marcar las doce el día de mi boda

¡Oh madre querida, que te encontrabas aquí!

“Yo sé” dijo Geraldine “Que estará”

Pero pronto con voz alterada dijo ella

“¡Fuera, madre que deambula! ¡Pico y pino!

Tengo poder para huir de tu oferta.”

¡Ay! ¿Qué aflige a la pobre Geraldine?

¿Por qué mira con ojos sin respuesta?

¿Puede percibir a los fantasmas?

¿Y por qué con voz hueca llora?

“¡Fuera, mujer, fuera! esta hora es mía

Aunque tú, su espíritu guardián seas,

¡Fuera, mujer, fuera! es mía.”

A continuación, Christabel se arrodilló al lado de la dama,

Y elevo al cielo sus ojos tan azules

“¡Ay! dijo “Este horrible viaje

Querida dama! ¡Le ha hecho perder la cabeza!”

La dama se secó de la frente el sudor

Y débilmente dijo ”¡Ha terminado!”

Bebió una vez más el vino de flores silvestres

Sus grandes ojos, trampa brillante y luminosa

Y desde el suelo, sobre el cual se hundió,

La noble dama se levantó:

Era hermoso verla,

Como una dama de un lugar lejano

Y por lo tanto la dama noble habló

“Todos ellos, que viven en el cielo,

Te aman, ¡Divina Christabel!

Tú los amas, y por su bien,

Y por el bien que haré

Incluso yo, en mis posibilidades intentaré,

Hermosa doncella, hacerte bien

Pero ahora desvístete, porque yo

Debo orar, antes de dormir.”

“¡Que así sea!” Dijo Christabel

Y como la dama pidió, hizo.

Sus miembros suaves desnudó

Y se acostó en su hermosura.

Pero a través de su cerebro, de penas y alegrías,

Muchos pensamientos se movieron de aquí para allá,

¡Que vanos fueron sus párpados para cerrar!

Así que a mitad de su ensueño de la cama se levantó,

Y con el codo se enderezó

Para ver a la señora Geraldine.

Bajo la lámpara se inclinó,

Y poco a poco fijó los ojos en todo;

Luego, en un respiro agitado

Como si se hubiera estremecido,

El cíngulo por debajo de su pecho:

Su túnica de seda, y sus interiores,

Cayeron a sus pies, y completa a la vista,

Mirad! su pecho y la mitad de su figura

Una vista de ensueño, secreto!

¡Oh protégela! ¡Protege a la dulce Christabel!

Sin embargo, Geraldine, ni habla ni se mueve:

¡Ah! ¡Qué mirada afligida!

Dentro de ella se parece estar a mitad de camino

Para levantar enferma algo de peso ,

Y mira a de la doncella buscando detener el tiempo

Entonces, de repente, como un desafiada,

Se refugia en el desprecio y el orgullo,

¡Y se acuesta al lado de la doncella! –

Y en sus brazos tomó a la dama,

¡Ah, y al día!

Y con voz baja y mirada triste

Estas palabras dijo:

“En el toque de este pecho hay un hechizo,

¿Quién es el amo de tu expresión, Christabel!

Tú sabes que por la noche, y tú sabes que mañana,

Esta marca de mi vergüenza, este sello de mi dolor;

Pero en vano peleas

Pues esto sólo es

Tu poder de declarar,

Que en el bosque oscuro

Tú oíste un gemido,

Y encontraste una señora brillante, excedente de belleza:

Y decidiste traerla a casa contigo, en el amor y en la caridad,

Para protegerla y cubrirla del aire húmedo.

Era un espectáculo hermoso para ver

La dama Christabel, cuando

Estaba orando en el viejo roble.

En medio de las sombras dentadas

De ramas con musgo y sin hojas,

Arrodillada en el claro de luna,

Para hacer su gentiles votos;

Sus esbeltas palmas presionadas juntas,

Agitando a veces el pecho;

Su rostro resignado a la felicidad o angustia de

Su rostro, oh, bello pero no pálido,

Y los dos ojos azules más brillantes que claros.

Cada uno a punto de llorar.

Con los ojos abiertos (ah, ay de mí!)

Dormidos, y soñando con miedo,

Temible sueño, sin embargo, yo sé,

Que soñar que solo es-

¡Oh, la tristeza y la vergüenza! ¿Puede ser ella,

La señora, que se arrodilló ante el viejo roble?

¡Y he aquí! el obrero de estos daños,

Que mantiene a la doncella en sus brazos,

Parece dormir quieto y moderado

Como una madre con su hijo.

Una estrella ha puesto, una estrella se ha levantado,

¡Oh Geraldine! ya que sus brazos

Han sido la prisión de la bella dama.

¡Oh Geraldine! una hora fue tuya-

¡Hágase tu voluntad! Por lagos y arroyos,

Los pájaros nocturnos esa hora se quedaron quietos

Pero ahora están jubilosos de nuevo,

Desde los acantilados y las torres, ¡Tu-whoo! ¡Tu-whoo!

¡Tu-whoo! ¡Tu-whoo! ¡De la madera y árbol!

¡Y vean! La señorita Christabel

Se compone al salir de su trance;

Sus miembros se relajan, su rostro

Se entristece y suaviza, las capas finas y suaves

Cercanas a sus ojos; y ella llora

¡Grandes lágrimas que dejan a sus pestañas brillantes!

Al mismo tiempo que parece sonreír

¡Como los niños en una luz repentina!

Sí, ella ¿Acaso sonríe y llora?

Como una ermitaña joven

Bella en los bosques,

Que, orando siempre, ora en el sueño.

Y, si se mueve inquiera,

Tal vez, no es más que la sangre gratuita

Regresa el hormigueo en los pies.

Sin duda, tiene una visión dulce.

¿Qué pasa si su espíritu guardián estuviera,

¿Y si ella sabía que su madre se encuentra cerca?

Pero esto se sabe, en las alegrías y penas,

Que los santos serán de ayuda si los hombres llaman:

Pues cielo azul se inclina ante todo.

Estrella verde  Estrella verde  Estrella verde

Cada campanada, dice el barón,

Nos lleva a un mundo de muerte.

Estas palabras las dijo Sir Leoline primero

Cuando se levantó y encontró a su mujer muerta:

Estas palabras Sir Leoline dirá

Cada mañana hasta el día de su muerte!

Y por lo tanto, la costumbre y ley comenzó

Que aún en la madrugada del sacristán,

Que debidamente tira de la pesada campana,

Cuentas cuarenta y cinco y debe rezar

Entre cada grande, un toque de advertencia,

Que ni un alma puede negarse a escuchar

De Bratha Head a Wyndermere.

Bracy el bardo dijo, “¡Déjen que lo toque!”

¡Y dejen que el sacristán soñoliento

Cuente poco a poco como pueda!

No hay ninguna falta, yo supongo

Además de llenar el espacio entre ellos.

Entre Langdale Pike y la guarida de la bruja,

Y Dungeon Ghyll, tan vilmente ocupada

Con cuerdas de roca y las campanas de aire

Tres pecaminosos fantasmas sacristanes son reprimidos,

Y todos dan la espalda, unos tras otros

La nota de muerte a su hermano vivo;

Y a menudo también, por el toque de ofendido,

Al igual que su uno! dos! tres! ha terminado,

El diablo se burla del triste cuento

Con un repique alegre de Borrowdale.

El aire está quieto! través de la niebla y las nubes

El alegre repique viene sonando fuerte;

Y Geraldine sacude su miedo,

Y se eleva ligeramente de la cama;

Se pone su vestimenta de seda blanca,

Y arregla su pelo de forma encantadora,

Y no dudando de su hechizo

Despierta a la dama Christabel.

“¿Acaso está dormida, dulce Christabel?

Confío en que ha descansado bien.”

Y Christabel se despertó y espió

A la misma que se acostó a su lado

¡O mejor dicho, a la misma que ella

Levantó bajo el viejo roble!

No, ¡más bella todavía! ¡y aún más bella!

Ella en un ensueño borracho y profundo

¡De todas las bendiciones de sueño!

Y mientras ella hablaba, su mirada, su aire,

Tal agradecimiento declaraba

Que (al menos eso parecía) sus ceñidos interiores

Crecieron bajo sus pechos agitados.

“¡Seguro que he pecado!” Christabel dijo,

“Ahora el cielo sea alabado si todo es así!”

Y en voz baja y entrecortada, pero dulce,

¿Acaso saludó a la noble dama

Con tal perplejidad en la mente

Con sueños tan reales para dejar atrás?

Así que rápidamente se levantó y vistió rápidamente

Sus miembros de mujer, y agitada rezó

Que Él, que en la cruz gimió

Pueda lavar sus pecados desconocidos,

Ella entonces llevó a la bella Geraldine

Para conocer a su padre, Sir Leoline.

La doncella hermosa y la dama

Caminan con ritmo hacia el salón

Y pasaron a través de pajes y sirvientes

Para entrar en la habitación del Barón

El barón se levantó, y al mismo tiempo que presionaba

A su dulce hija contra su pecho,

Con curiosidad alegre en los ojos

Espía a la señorita Geraldina,

Y dio la bienvenida a la señorita

¡Tan bella y brillante!

Pero cuando se enteró de historia de la dama,

Y cuando le dijo el nombre de su padre,

¿Por qué Sir Leoline palideció cual cera,

Murmurando el nombre otra vez,

¿Lord Roland de Vaux de Tryermaine?

¡Ay! habían sido amigos en la juventud;

Pero las lenguas murmurantes pueden envenenar a la verdad;

Y la vida de la constancia vive en reinos altos;

Y la vida es espinosa, y la juventud es vana;

Y llena ira contra quien amamos

Obrando como la locura en el cerebro.

Y así por casualidad, como divina,

Con Roland y Sir Leoline.

Cada uno habló palabras enormes de desprecio

E insultó a su más querido hermano:

Se separaron, ¡para nunca reunirse de nuevo!

Pero nunca ninguno encontró a otro

Para liberar el hueco doloroso de su corazón-

Se quedaron al margen, las cicatrices permanecieron,

Al igual que los acantilados que habían sido partido en dos;

Un mar triste ahora fluía entre ellos.

Que ni el calor, ni frío, ni el trueno,

suponían unir

Las marcas de lo que una vez había sido.

Sir Leoline, perdido en sus pensamientos,

Se quedó mirando el rostro de la doncella:

Y el joven Señor de Tryermaine

Regresó a su corazón de nuevo.

Oh entonces el barón olvidó su edad,

Su noble corazón hinchado por la rabia;

Juró por las heridas en el costado de Jesus

Que proclamaría por todas partes,

Con triunfo y la heráldica solemne,

Que ellos, que tanto habían perjudicado a la dama

¡Serían tachados como infames!

“Y si se atreven a negar la misma,

Mi heraldo designará a la semana,

Y dejar a los traidores buscar

La justicia de mi corte, que en el acto

Puede desalojar sus almas reptiles

¡De los cuerpos y las formas de hombres!

Él habló: su ojo relampagueando

Pues la dama fue capturada sin piedad; y reparó

¡En la hermosa dama, hija de su amigo!

Y ahora las lágrimas corrían en su rostro,

Y cariñosamente en sus brazos tomó

A la bella Geraldine que correspondió el abrazo,

Prolongándolo con la mirada alegre.

Cuando miró, una visión cayó

En el alma de Christabel,

¡La visión del miedo, el tacto y el dolor!

Se redujo y se estremeció, y vio de nuevo-

(Ah, ¡ay de mí! ¿Qué era para ti,

gentil dama? con tales vistas para mirar)

Una vez más vio ese seno viejo

Volvió a sentir el frío pecho,

Y tomó aire en un silbido:

Donde quiera que el caballero volteó salvaje

Y nada vio, fuera de su dulce doncella

Con los ojos en alto, como rezando.

El tacto, la vista, habían fallecido,

Y en su lugar la visión bendita,

Que la consolaba después de descansar,

Mientras que en los brazos de la dama yacía,

Había puesto una herida en el pecho,

en sus labios y sus ojos

¡Propagaba sus sonrisas como la luz!

Con nueva sorpresa,

“¿Qué le pasa a mi hija amada?

El Baron preguntó -Su hija apenas dió respuesta

“Todo estará bien!”

Yo supongo, no tenía poder de decir

Alguna otra cosa: tan fuerte era el hechizo.

Sin embargo, que haya visto a Geraldine,

La había considerado divina.

Esta pena con tal gracia se mezclaba,

Como si temiera que había ofendido a la

Dulce Christabel, ¡esa dama gentil!

Y con un tono tan bajo pidió

Que pudiera ser enviada sin demora

A su hogar en la mansión de su padre.

“¡No!

¡No, por mi alma! ” dijo Leoline.

“¡Hey! Bracy el bardo, el cargo será tuyo!

Ve tú, con una música dulce y fuerte,

Y toma dos caballos con arreos de orgullo,

Y toma a los jóvenes que quieras

Para llevar el arpa, y aprender las canciones,

Y a vosotros, vestir solemnes,

Y sobre las montañas cabalguen con prisa

Para que ningún errante

Pueda detenerlo, a usted en el camino del valle.

“Y cuando él haya cruzado la inundación Irthing,

Mi alegre bardo! continúa, continúa

Hasta Knorren Moor, a través de Halegarth Wood

Y llega pronto al buen castillo

Que se encuentra cerca de Escocia

“Bracy bardo! Bracy bardo! sus caballos son de la flota,

Es necesario viajar hasta la sala, su música es tan dulce,

Más alta que los galopes de caballos

Y en voz alta llama al Señor Roland, y dile

“Tu hija está a salvo en Langdale Hall!

Tu hermosa hija está a salvo y libre,

Sir Leoline te da la bienvenida a través de mí.

La oferta es que llegues sin demora

Con todo tu arsenal numeroso;

Y lleva a casa a tu encantadora hija:

Y él te encontrará en el camino

Con todo su arsenal numeroso

Blanco con la espuma agitada de su boca

¡Y, por mi honor! Voy a decir,

¡Que yo me arrepiento del día

en que hablé palabras de desprecio feroz

Para Roland de Vaux de Tryermaine! –

– Pues ya que esa mala hora ha volado,

Y muchos veranos han brillado;

Y Sin embargo, nunca encontré a un amigo nuevo

Igual que Roland de Vaux de Tryermaine.

La señora cayó y juntó las rodillas,

Su cara en alto, sus ojos llorando

Y Bracy respondió con voz entrecortada,

Su gracia a todos les otorgaba;

“Tus palabras, padre de Christabel,

Son más dulces que el sonido del arpa;

Sin embargo, podría yo obtener un beneficio de ti,

Este día mi viaje no debe ser,

¡Qué raro que un sueño ha venido a mí;

Que me había inclinado con música a todo volumen

¡Advertida por una visión en mi descanso!

En mi sueño vi que la paloma,

Ese pájaro gentil,

Sir Leoline! Vi lo mismo,

Aleteando, y profiriendo terribles gemidos,

Entre las hierbas verdes en el bosque solo.

Cuando la vi y cuando me enteré,

Me preguntaba qué podría hacer ahí el pájaro;

Pues nada cerca podía ver

Salvo el pasto y las hierbas bajo el árbol viejo.

Y en mi sueño me pareció que fui

Para descubrir lo que podría haber encontrado;

¿Y qué molestaría a esta dulce paloma?

¿Que lo estaba revoloteando en el suelo?

Me fui y miré, y podía notar

Que no había motivo para su grito angustioso;

Pero sin embargo, por el bien de su querida señora de

Me agaché, pienso, para la paloma tomar,

¡Cuando he aquí! Vi una serpiente de color verde brillante

Enrollada alrededor de sus alas y el cuello.

Verde como la hierba sobre la que se arrastraba

Muy cerca de la cabeza de la paloma se agachó;

Y con la paloma entonces agitada,

Hinchando su cuello como el de ella.

Me desperté, era la medianoche,

El reloj se hizo eco en la torre;

Pero, aunque mi sueño se había ido,

Este sueño no pasaría-

¡Parece que vivirá en mis ojos!

Y de allí prometí que el día de hoy

Con la canción de la música fuerte y santa

Pasearemos por el bosque desnudas,

Y no perder el tiempo profano.

Por lo tanto, dijo Bracy: el barón, al mismo tiempo,

Escuchaba a medias y lo escuchó con una sonrisa;

Luego se volvió a Lady Geraldine,

Sus ojos se componían de curiosidad y amor;

Y dijo con un acento bien cortés,

‘Dulce doncella, hermosa paloma del Señor Roland,

Con los brazos más fuertes que el arpa o una canción,

¡Por tu padre yo herirá la serpiente!

La besó en la frente mientras hablaba,

Y Geraldine, la doncella sabioa

Bajaba sus ojos grandes y brillantes,

Con la mejilla sonrojada en una fina cortesía

Le dio vuelta de Sir Leoline;

Suavemente recogiendo su cuerpo

Su brazo derecho cayó de nuevo;

Y cruzó los brazos sobre el pecho,

Y recostó la cabeza sobre su pecho,

¡Mirando con recelo a Christabel-

¡Jesús, María, protéjanla bien!

El ojo pequeño de la serpiente parpadea aburrido y tímido,

Y los ojos de la dama, se redujeron en su cabeza

Cada uno se redujo como el de la serpiente,

Y con un poco de malicia, y más de temor,

¡En Christabel se fijaban con recelo! –

¡En un momento la vista había huido!

Sin embargo, Christabel en trance vertiginoso

Tropezó en el terreno inestable

Y Se estremeció en voz alta, con un silbido;

Geraldine otra vez se dio la vuelta,

Y como algo que buscaba alivio,

Llena de asombro y llena de dolor

Puso los ojos grandes y brillantes

Violentamente en Sir Leoline.

La dama, ¡ay! sus pensamientos se han ido,

Ella no ve, nada fuera de algo

La dama carente de la astucia y el pecado,

No sé como, en temible sabiduría

Tan profundamente briaga

Esa mirada, esos pequeños ojos de serpiente ,

Todos sus rasgos se habían resignado

A esta imagen única en su mente:

Y pasivamente imitó

¡Esa mirada de odio sordo y traidor!

Y así se puso de pie, en trance vertiginoso,

Aún imaginando que mirar con recelo

Con simpatía forzada inconsciente

Completa antes de que su padre la viera

Tanto como se podían hacer

Los ojos tan inocentes y azules!

Y cuando el trance terminó, la dama

Se detuvo un rato, y oró

Y después, cayendo a los pies del barón,

“¡Por el alma de mi madre lo suplico

Que debes mandar lejos a esa mujer!”

Ella dijo: y más que no podía decir;

Por lo que sabía que no podía decir,

Dominada por el poderoso hechizo.

¿Por qué es tan pálida y salvaje su mejilla

Sir Leoline? Tu única hija

Está a tus pies, tu alegría, tu orgullo.

Tan bella, tan inocente, tan suave;

¡Igual que tu difunta mujer!

Oh por los dolores de su querida madre

Piensa que no le haces mal

Para ella, por ti, y no por otra,

Rezaba en el momento en el que murió

Oró para que el bebé por el que ella murió

¡Podría resultar la alegría de su querido señor, y el orgullo!

Que la oración en sus últimos momentos

Sir Leoline!

En el corazón del barón y el cerebro

Si los pensamientos, como estos, tenían alguna voz

Sólo aumentaron su rabia y dolor,

Y no pudieron más que confundirlo

Su corazón estaba hundido por el dolor y la rabia,

Sus mejillas se estremecieron, sus ojos eran salvajes,

Deshonrado en su vejez;

Deshonrado por su única hija,

Y toda su hospitalidad

Para la hija de su amigo insultado

Por más que los celos de la mujer

Presentaron así a un final vergonzoso

Giró los ojos con severidad

Hacia el bardo

Y dijo en tono brusco, austero-

“¿Por qué, Bracy! ¿Pierdes el tiempo aquí?

¡Ya te mandé ahí! ” El bardo obedeció;

Y volviéndose a su propia dulce doncella,

El caballero de edad, Sir Leoline,

Guió a la señorita Geraldine

Estrella verde  Estrella verde  Estrella verde

Una niña pequeña, un elfo ágil,

Cantando, bailando para sí mismo,

Una cosa de hadas con rojas mejillas redondas,

Que siempre encuentra, y nunca busca

Hace tal visión

Como se llenan los ojos de un padre con la luz;

Y los placeres fluyen tan densos y rápidos

A través de su corazón, que al fin

Debe expresar el exceso de las necesidades de su amor

Con palabras de amargura no intencionadas

Tal vez esta belleza podrá forzar juntos

Pensamientos de modo muy distintos unos a otros;

A murmurar y burlar un encanto roto,

Para perder el tiempo con el mal que no hace daño.

Tal vez es demasiado tierna y bonita

En cada palabra salvaje se siente

Un retroceso dulce del amor y la compasión.

¿Y qué, si en un mundo de pecado

(¡O la tristeza y la vergüenza de que esto es verdad!)

Vértiginosos como el corazón y el cerebro

Rara vez tratan de salvar de la ira y el dolor,

Así que habla, ya que es lo más fácil...

________________________________________________________________________________________________________________




Si tienes dudas, por favor haznoslo saber en la sección Ayuda.
También te recomendamos conocer las Normas del foro.
avatar
Azilem
Folleto
Folleto

Administradora
Femenino
Mensajes Mensajes : 567
Reputación Reputación : 119
Fecha de inscripción : 22/12/2015
Edad : 25
Localización : Mexico

http://elclubdeazilem.blogspot.mx/

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 :: Literatura :: Poesía

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.